“Asturias, descubre el paraíso natural”, dice el lema creado por  el diseñador Arcadi Moradell allá por 1985. Cierto es. Asturias y su verde naturaleza son capaces de atraer a cualquier turista amante y fiel seguidor de bosques, lagos, playas y un entorno rural incomparable. Pero Asturias guarda un as bajo su manga, que es, como indica el título de este post, su singular y exquisita gastronomía.

Tres días son suficientes para comprobar que en este lugar, además de vacas negras y blancas, se pueden acallar los rugidos incluso de los estómagos más exigentes.

LLANES

Iniciando el recorrido desde la frontera con Cantabria, llegamos hasta el pueblo de Llanes. Es difícil elegir un lugar para sentarse a comer entre su variada y amplia oferta de sidrerías y restaurantes. Pero al final una carta variada llama nuestra atención: la Taberna Mezcolanza. A pesar de la multitud de gente que se agolpa en la calle, decidimos entrar. Y no nos defrauda: ensalada de queso de Cabrales, provolones con gambas y tortitas de camarones, además de tres buenas raciones de pescado de diferentes tipos, postres exquisitos y café. Y cómo no, una botella de buena sidra para acompañar. Todo ello por un precio totalmente asequible. Las raciones son suficientes, no abundantes (recordemos que la cantidad no es directamente proporcional a la calidad): cuatro personas pueden comer pidiendo lo de tres, y aseguro que no tuvimos necesidad de pedir ningún otro plato más.  El trato y el servicio excelentes también en esta taberna que fusiona la comida tradicional andaluza con la asturiana.

FOTOGRAFÍA: www.revistahsm.com
FOTOGRAFÍA: http://www.revistahsm.com

CANGAS DE ONÍS:

Dejamos atrás la costa astur para ir acercándonos a los Picos de Europa, dignos de constituir un verdadero paraíso natural. Tras dudar entre varios locales y dejándonos guiar por las valoraciones de Tripadvisor, decidimos cenar en el Restaurante El Molín de la Pedrera.

Tabla de quesos típicos para mi gusto un poquito suaves exceptuando el de Cabrales (esto es subjetivo y depende de  los gustos personales), crujientes de cabrales con avellanas (para chuparse los dedos), tortinos de maíz con chorizo y chipirones a la plancha además de unos postres riquísimos. El precio, algo más elevado a pesar de lo cual sigue mereciendo la pena. El trato de los camareros exquisito una vez más, ¿quién dijo aquello de que la gente del norte es seria y poco habladora?

COVADONGA:

Tras una ruta por los impresionantes Lagos de Covadonga y a nuestro paso por la basílica que lleva el mismo lugar, decidimos hacer un alto en el camino y probar una buena fabada asturiana. Aprovechamos para comer en la Sidrería Covadonga. Buen trato pero no así la calidad gastronómica ofrecida. Una pena que la fabada estuviera un pelín salada y no hiciera gala de la fama que la acompaña. Recomendaría planificar mejor el paseo por los lagos y comer en alguna sidrería de Cangas de Onís.

ARENAS DE CABRALES:

Partimos de Cangas de Onís hacia la cuna y origen del queso típico asturiano llegando hasta el pueblecito de Arenas de Cabrales. Caminando llegamos hasta la Taberna del Pindal. Una vez más hacemos caso de nuestro sexto sentido que, aunque algunas veces no nos lleva a buen puerto, esta vez no falla. Fabada asturiana acompañada de ricas ensaladas. De segundo, escalopines y cachopo de la casa. Devoramos la fabada, ¡esta vez sí!. Está sumamente deliciosa y así se lo hacemos saber a la cocinera. Parece ser que es el plato estrella de la taberna y así se comenta entre lugareños y turistas. El establecimiento está renovado y si se tiene la suerte de poder comer en la terraza trasera, mejor que mejor. Por ser día de labor pagamos 12 euros por el menú y salimos con la sensación de haber encontrado un tesoro…

Para finalizar el recorrido sin salir de Arenas, qué mejor que adquirir una porción de queso de Cabrales (denominación de origen, por supuesto), fermentado en las cuevas y entrañas de los Picos de Europa.

Ahora sí que sí, Asturias, paraíso gastronómico… y natural.

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