Había jurado no compartir en internet ni la manera de llegar ni cuál fue para mí una de las playas más espectaculares de Cuba, precisamente para que no perdiese su esencia. Pero antes de que la isla se llene de McDonalds y otras americanadas varias comparto esta información para quien pueda disfrutar de lo mejor de Cuba: “los momentazos”, como yo lo llamo, que te harán disfrutar mucho más que un todo incluido en las playas de Varadero o un MacPollo en La Habana Vieja dentro de un lapso de tiempo indeterminado, pero no muy lejano.

[…] En Morón estuvimos dos noches. Una de las noches, mientras hablábamos con la señora de la casa, le preguntamos cuál era el mejor modo para ir a Playa Pilar (en adelante Playa Pilal). Nos dijo que los turistas suelen ir en taxi: “se coge un taxi ahí, en la plaza. Está a una hora de camino de aquí en coche. A mitad de camino hay una especie de frontera, los turistas tienen que enseñar el pasaporte para poder pasar, y pagar algo para poder seguir camino a las playas”. El taxi no lo sabe seguro, pero pueden ser unos 60-70 CUC ida y vuelta. “Mmmm, qué caro!! “ – le decimos. “Bueeenooo, pero hay otra posibilidad…”-nos suelta ella… “De ahí al ladito salen todos los días unas guaguas con los trabajadores  de los hoteles. Ellos van y regresan el mismo día, no se quedan a dormir allá. Empiezan a salir a las 5 de la mañana hasta las 7 o las 8, continuo. Si utedes se acercan al lado del chofer, y le dicen para dónde van, con un billetico  en la mano, con un poco de suerte él las dejará subir y las llevará hasta Cayo Guillermo… no es legal, ustedes no pueden viajar ahí, pero por intentarlo…”. “¿¿Cómoooo?? ¡eso está hecho!. No problem. Mañana, ahí que vamos.”

A la mañana siguiente nos levantamos temprano, la buena mujerica nos dio de desayunar y nos metió algo prisa (algo raro en este país, ahora que nos estábamos aclimatado al ritmo caribeño). “Es verdad,  tenemos que coger la guagua de los trabajadores sí o sí”. La mujer nos desea suerte y nos vamos.

Llegamos a la parada, hay un montón de gente esperando para ir a trabajar. Hacemos la jugada y nos sale bien, el chofér nos deja subir. La gente del bus hace como que ni nos ve, como si fuésemos unas currelas más… Arrancamos y nos vamos!!! 

Estamos llegando al peaje famoso… Introduzco mi manita en el bolsillo de mi mochila, buscando a tientas lo único que necesito para pasar al paraíso: “¿¿¿Eeeeeeehhh???? ¡¡¡el pasaporte!!!!!No he cogido el pasaporte! Arantxa, ¿has cogido tu pasaporte??!!”.  “Mierda!!! Yo tampoco! se me ha olvidado”. Bueno, por lo menos se nos ha olvidado a las dos y no solo a una…  Ufff, ¡a ver qué pasa! Una cubana que estaba sentada cerca nos dice que mal asunto, que sin pasaporte no nos iban a dejar pasar, imposible. Lo más seguro que nos tendríamos que bajar…

Bueno, no creo que nos vean…no creo que suban a revisar… Estando sumida en estos pensamientos para el bus. Y se sube un policía, habla con el chófer y empieza a venir hacia atrás, ¡glups!. Yo miro hacia abajo. Consigo darle esquinazo, no se da cuenta de que soy turista, entre el moreno de mi piel, el negro de mi pelo y el pañuelo en la cabeza me he mimetizado bastante bien… Sigue hacia atrás y le ve a Arantxa. Le dice que baje. “Y a ver si no le van a  dejar subir después!!” – pienso. Al salir no repara en mí pero yo también me he levantado y voy detrás. “Adiós Playa Pilal!” -me dice mi cabecita…

Una vez abajo, “sus pasaportes, por favor” nos dice un policía casi sin mirarnos… “Mmmmm……..no tenemos”. Nos mira. “¿Cómo que no tienen?”. “No, no tenemos”. “Pero yo tengo DNI”– replico por si cuela, aunque ya sé que no, ya me lo dijeron en otro control… me dice que no sirve de nada el DNI, que no podemos movernos sin pasaporte por el país (la misma cantinela de Cienfuegos). “Pero es que bueno, que queremos ir a Playa Pilal…”. Ya me veo, que no nos dejan subir al bus, que nos tenemos que quedar allí y a ver cómo volvemos…

Creo que sería un buen momento para un soborno policial, o por lo menos estaría más que justificado. ¿¿Y si le enseñamos un billetico?? Se llevan mi DNI, “esperen un momento”– nos dicen. Pasado un rato vuelven. No nos pueden dejar pasar. “Pero ¿por qué no?”. “No sin pasaporte. Imaginese que a usted le da un mareo, nadie va a saber quién es usted”. Arantxa le contesta señalándome: “ella sí, y no creo que nos mareemos las dos a la vez…”. El policía está intentando reprimir una carcajada, al mismo tiempo que pretende hacer de policía estricto. Al final nos deja continuar. Nos subimos al bus con el chofér y los currelas (menos mal que son muy pacientes y de ritmo muy tranquilo…). Nadie pone mala cara ni nos recrimina por haberles hecho esperar. Y nadie dice nada al chofér por habernos dejado subir. Nuestra vecina de asiento dice que es muy raro lo que ha pasado, que nunca dejan pasar sin pasaporte.

Allá vamos, Playa Pilal… las puertas del paraíso finalmente se han abierto para nosotras[…].

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