Aún podemos encontrar lugares como éste en el norte de Navarra. Lugares en los que se respira, además de aire puro en plena naturaleza, un poquito de contrabando. Por estos parajes caminaban no hace tantos años, contrabandistas de aquí y de allá, de un lado y otro de la frontera, dispuestos a perderse en la oscuridad de la noche sin más luz que la de la luna. 

Expediciones nocturnas de los valientes lugareños, a veces interceptadas por carabineros  que en ocasiones no dudaban en negociar una parte del botín a cambio de su silencio. Cientos de anécdotas ocurridas entre bosques de hayas y suelos de hojarasca.

Historias que aún se cuentan en voz baja, entre amigos, en la familia. Secretos a voces que perviven entre estas montañas y se reviven al caminar por los escenarios del contrabando. 

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