Tras realizar nuestro trayecto desde Arequipa (ANDANZAS POR EL CAÑON DEL COLCA (I): cómo llegar de Arequipa a Cabanaconde), llegamos a este pequeño pueblecito. Tras bajarnos del bus y dar las gracias al chófer que nos ahorró el tener que cambiar nuestros planes, nos bajamos en la Plaza de Armas de Cabanaconde (parada única).

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Foto: @motxilatravel

Nos alojamos en la “Posada del Conde”, un hostal limpio y sencillo. Nos cobraron algo más del precio que habíamos visto en internet. Al día siguiente en el bus un chico nos comentó que él se había alojado en “La casa de Santiago” a un precio algo más reducido. Una pena no haberlo encontrado antes… En la misma Plaza de Armas hay algún restaurante para comer. Probamos en el “Sol y Sombra” que desde luego nos sorprendió muy gratamente. Buen menú, buena comida y mejor precio: sopita, arrocito y plato fuerte, a elegir. La comida es casera y hay gente local que almuerza allí, lo cual siempre es buena señal. No os dejéis engañar por la imagen y entrad, la comida es suculenta.

Tras el almuerzo y teniendo en cuenta que durante el verano europeo (invierno peruano), oscurece muy pronto, decidimos dar un paseo por las inmediaciones del pueblo. Caminando, caminando y siguiendo las indicaciones que nos habían dado en el pueblo pasamos la plaza de toros, hasta llegar al mirador Achachiua. Un bonito paseo e impresionantes vistas.

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Foto: de vuelta a Cabanaconde @motxilatravel

Para cuando llegamos de vuelta a Cabanaconde  la noche se nos había echado encima. Volvimos a dar un paseo por el pueblo y decidimos cenar en un restaurante que había al lado de donde habíamos comido. No puedo deciros el nombre, pues juraría que no lo ví escrito en ningún lado. Era una especie de garaje, con una mesita para nosotras y otra mesita para la familia, que estaban cenando mientras veían la tele. “¿Qué desean?”. “¿Qué tienen?”. “Pollo”. “Pues dos de pollo”. Mmmmmmmmm… os prometo que fue el mejor pollo que haya podido comer jamás en mi vida, bien asadito y en un restaurante un tanto “atípico”. ¡Os lo recomiendo!

Otra vueltita post-cena por el pueblo que por cierto estaba bien desierto, un mate de coca en un garito donde tres o cuatro gatos campaban a sus anchas y a dormir… o a intentarlo… Las noches del invierno peruano a esa altitud son algo “frescas”, y al menos en los alojamientos en los que estuvimos (a excepción de Puno) no encontramos calefacción. No vas a morir congelado, pero necesitarás un par de calcetines y una chaquetita extra.

Solamente estuvimos en Cabanaconde una tarde y su noche. Es un pueblo pequeño pero muy rural, diferente y con encanto. Caminar por sus calles polvorientas, entre sus casitas de piedra tiene un gancho especial. Es verdad que tal vez sea un destino que suele utilizarse más bien como origen para realizar trekkings por el Colca, pero no recomendaría no visitarlo. En lugar de llegar hasta Chivay y de allí a la Cruz del Condor, es absolutamente mejor llegar hasta Cabanaconde y de allí retornar a la Cruz del Condor. Pueblito encantador que no hay que dejar de conocer.

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