Tengo que reconocer que cuando visité Pasaia por primera vez, no fue por iniciativa propia. La idea de desplazarme hasta el distrito de Trintxerpe no era de mi total agrado, pues tenía entendido que era poco más o menos que el Bronx de Gipuzkoa. Poco o nada sabía de esta zona, solamente que el distrito de San Juan era precioso y lo que las malas lenguas decían sobre Trintxerpe.

Efectivamente, entré a este distrito y fue, más o menos, como pensaba. Bloques de edificios a modo de lata de sardinas ubicados en una ladera. Y mucha gente. Mucha. Paseando por las calles, aunque fuese horario laboral de un día entre semana. Tras mi primera incursión, volví a casa confirmando lo que ya sabía: “feo no, es feísimo”. Pero como bien dicen, no hay que dejarse llevar por las apariencias, hay que ir un poco más allá y escudriñar lo que hay detrás. Y en Trintxerpe, lo bueno no se ve a la primera…

Tras varias visitas y un poco de historia, mi idea empezó a cambiar poco a poco. Tras ver el documental “Arte al Agua” sentí curiosidad por el origen de este pueblo. Callejeando por Trintxerpe empecé a saborear el entresijo de callejones, llenos de graffitis, que me hacían pensar en el verdadero Bronx de Estados Unidos. Escaleras arriba, abajo, ascensores y gente variopinta. Descendientes de los inmigrantes gallegos que poblaron la zona, que salieron adelante con gran esfuerzo y sacrificada vida, llena a su vez de excesos que caracterizaron los años 80-90.

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En otro de mis viajes decidí conocer Pasai San Pedro. Decidí llegar hasta el Faro de la Plata y siguiendo el sendero de Talaia Bidea (que va desde Hondarribia hasta Donostia) se abrió ante mí un lugar mágico, de vistas inigualables hacia la bahía de Pasaia. Tuve de guía a una mujer pasaitarra con la que me encontré por el camino, y que, muy pacientemente, me acompañó hasta Donostia dándome todo tipo de explicaciones sobre la localidad. Incluso se ofreció a acompañarme en otra ocasión. Así es la gente de Pasaia. Abierta y amigable. Y con carácter. Léase el post 10 COSAS QUE HACER Y QUE VER EN PASAIA.

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Tras la caminata, decidí seguir visitando San Pedro y conocer su gastronomía. Me habían recomendado hacerlo en el restaurante Muguruza o “Falcon Crest”, como lo llaman por allí. El menú es cerrado, pero comerás un pescado fresco del día que hará que te chupes los dedos.

Me fui con muy buen sabor de boca, y con ganas de volver. Desde el otro lado del puerto, tuve claro que la siguiente visita sería a Donibane o San Juan. Pero antes de hacerlo, quise empaparme un poco más sobre Pasaia, leyendo “El faro del silencio”, de Ibon Martin, que no me dejó indiferente. Los secretos de la localidad, el proyecto de Jaizkibel, el tráfico de drogas, la heroína y los estragos que causó en la localidad.

El paseo en “motora” desde San Pedro a Donibane fue en un soleado día de octubre, que culminó con la visita a la casa de Victor Hugo. Después, un paseo hasta el monte Jaizkibel, para volver a Donibane a degustar un poco de gastronomía vasca, en cualquiera de los múltiples restaurantes que encontrarás en tu camino.

Pasai Antxo aún se me resiste. Tal vez sea considerada la gran olvidada, pero sé que no me defraudará.

Pasaia, con sus 4 distritos, representa la auténtica pluralidad que se refleja en cada rincón de la localidad. Todos son uno, pero conservan su propia personalidad. No dudes en visitarla a fondo e ir descubriendo todos sus secretos. El Bronx pasó a la historia. Es una ciudad renovada con una gran oferta cultural y gastronómica, además de poseer verdaderos encantos de la naturaleza. Visítala. Hazlo a fondo, merece la pena.

 

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